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Leishmaniasis viceral

Los perros son el reservorio urbano privilegiado de la Leishmaniasis viceral que afecta a miles de Canes, en especial, de provincias del nordeste del país. Preservar al animal sano es la consigna para frenar el índice de trasmisión a otros perros y al hombre.
La Leishmaniasis viceral canina, es una zoonosis, puede propagarse e infectar al hombre, producida por un parásito conocido como Leishmania. Se calcula que cada año se producen más de 500,000 nuevos casos en todo el mundo, principalmente en países cercanos al mar Mediterráneo y en algunos de Latinoamérica, tales como Brasil y Paraguay.
Se trasmite a perros a través de la picadura de un insecto volador, que transporta el parásito, es más diminuto que un simple mosquito y vive en el suelo, en ambientes cercanos a la vegetación, maleza, en caniles y raíces de árboles. Se produce en ambientes oscuros, húmedos y con abundante materia orgánica circundante, a diferencia de mosquito, que lo hace en agua estancada. En zonas urbanas donde la Leishmaniasis viceral prevalece, pica el perro, se alimenta de su sangre, al atardecer y en el transcurso de la noche. Una vez infectada, la mascota se transforma en transmisora de la enfermedad.
Aún cuando, para muchos, el nombre completo de la enfermedad resulte difícil de recordar, los efectos de la Leishmaniasis viceral no pasan inadvertidos para nadie. Cualquier dueño atento es capaz de detectar los síntomas en su mascota, aunque vale destacar que durante unos meses pueden no manifestarse y, aún así, contagiar. Lo más conocidos son: lesiones en la piel, úlcera que nos cicatriza, por ejemplo, pelaje opaco, crecimiento exagerado de uñas, adelgazamiento, fiebre irregular, agrandamiento del hígado y bazo, inflamación generalizada de ganglios linfáticos, y anemia. En líneas generales, el perro luce algo deteriorado y desganado. Ante esto, urge una consulta veterinaria, en pos de evitar que tal enfermedad le ocasione la muerte.
Es importante destacar que, debido a que esta patología canina no tiene cura, un animal infectado requiere tratamiento de por vida.
Única clave: la prevención.
A través de simples medidas precautorias es posible frenar el avance de la enfermedad.
  • Limpiar, con frecuencia, patios y jardines,  eliminando restos de materia orgánica, hojas, materia fecal de animales, residuos.
  • Colocar tela de alambre, mosquitera, de malla fina, en puertas y ventanas. También en los caniles.
  • Evitar que el perro pase la noche al aire libre.
  • Fumigar el interior y el exterior de la vivienda.
  • En caso de trasladarse con su claro a zonas, prevalencia de Leishmaniasis viceral, protéjalo contra las picaduras del flebótomo mediante el uso de productos con efecto repelente e insecticidas comprobados. Algunas pipetas que contienen piretroides, pesticidas artificiales para controlar plagas de insectos, brindan protección durante tres semanas, deben ser colocada regularmente, según la indicación del fabricante. Además, cierto collares, a base de deltametrina, sustancia con efecto insecticida y acaricia, protegen contra la picadura del jejen, por seis meses.
  • Se recomienda a las personas, utilizar productos repelentes de uso tópico.
Para más información contáctenos

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