Nosotros nos valemos de perros (Inti, Lola y Key), para favorecer el desarrollo psicoevolutivo de esos chicos. El perro es un auxiliar, un estímulo más entre las infinitas posibilidades de estimulación que existen. Es decir que Inti, Lola y Key no son imprescindibles, pero sí necesarios para optimizar el modelo asistencial. La criatura que concurre por primera vez a una entrevista ingresa a un espacio natural (terreno de 8x8m.) donde lo recibo con uno de los perros. Durante el transcurso de la sesión, el niño no recibirá de mi parte ningún estímulo que favorezca la interacción con el animal pues se trata de una sesión a lazo abierto, que además será filmada. El perro aprende y asimila el patrón de comportamiento humano y lo demuestra con sus propias acciones. Esto es analizado para determinar cuál es el tipo de patrón interac-cional. Luego se diseña el modelo psi-coeducativo, que se aplicará a través de pautas de estimulación, se trabajará con la familia y con la escuela a la que concurre el paciente. Es importante rescatar la riqueza que implica la experiencia puntual en la interacción entre el niño, el perro y el terapeuta. Un niño TGD mejora su calidad de vida cuando puede instaurar el proceso de interacción, del que devienen la comunicación y la socialización, abriéndose el camino hacia el desarrollo evolutivo propio de la naturaleza humana.
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Amores perros
El Servicio de Salud Mental del Hospital Elizalde, ex Casa Cuna, cuenta con una nueva perspectiva terapéutica, la del Programa Psicoeducativo con Técnica de Asistencia Animal (PPTAA). En su aspecto asistencial, su objetivo es la estimulación de patrones comporta-mentales nuevos, como así también la habilitación de aquellos que no se han instaurado aún. Y, sobre todo, favorecer el proceso de evolución, maduración y desarrollo de los chicos con trastorno generalizado de desarrollo (TGD). Para construir el modelo de estimulación, que es único para cada niño, es fundamental obtener su patrón de comportamiento. La gran aliada para lograr esta forma de abordaje es la técnica de asistencia animal.
Nosotros nos valemos de perros (Inti, Lola y Key), para favorecer el desarrollo psicoevolutivo de esos chicos. El perro es un auxiliar, un estímulo más entre las infinitas posibilidades de estimulación que existen. Es decir que Inti, Lola y Key no son imprescindibles, pero sí necesarios para optimizar el modelo asistencial. La criatura que concurre por primera vez a una entrevista ingresa a un espacio natural (terreno de 8x8m.) donde lo recibo con uno de los perros. Durante el transcurso de la sesión, el niño no recibirá de mi parte ningún estímulo que favorezca la interacción con el animal pues se trata de una sesión a lazo abierto, que además será filmada. El perro aprende y asimila el patrón de comportamiento humano y lo demuestra con sus propias acciones. Esto es analizado para determinar cuál es el tipo de patrón interac-cional. Luego se diseña el modelo psi-coeducativo, que se aplicará a través de pautas de estimulación, se trabajará con la familia y con la escuela a la que concurre el paciente. Es importante rescatar la riqueza que implica la experiencia puntual en la interacción entre el niño, el perro y el terapeuta. Un niño TGD mejora su calidad de vida cuando puede instaurar el proceso de interacción, del que devienen la comunicación y la socialización, abriéndose el camino hacia el desarrollo evolutivo propio de la naturaleza humana.
Nosotros nos valemos de perros (Inti, Lola y Key), para favorecer el desarrollo psicoevolutivo de esos chicos. El perro es un auxiliar, un estímulo más entre las infinitas posibilidades de estimulación que existen. Es decir que Inti, Lola y Key no son imprescindibles, pero sí necesarios para optimizar el modelo asistencial. La criatura que concurre por primera vez a una entrevista ingresa a un espacio natural (terreno de 8x8m.) donde lo recibo con uno de los perros. Durante el transcurso de la sesión, el niño no recibirá de mi parte ningún estímulo que favorezca la interacción con el animal pues se trata de una sesión a lazo abierto, que además será filmada. El perro aprende y asimila el patrón de comportamiento humano y lo demuestra con sus propias acciones. Esto es analizado para determinar cuál es el tipo de patrón interac-cional. Luego se diseña el modelo psi-coeducativo, que se aplicará a través de pautas de estimulación, se trabajará con la familia y con la escuela a la que concurre el paciente. Es importante rescatar la riqueza que implica la experiencia puntual en la interacción entre el niño, el perro y el terapeuta. Un niño TGD mejora su calidad de vida cuando puede instaurar el proceso de interacción, del que devienen la comunicación y la socialización, abriéndose el camino hacia el desarrollo evolutivo propio de la naturaleza humana.
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