En el Zoo porteño, en tanto, funciona hace casi 30 años el programa Cuidar Cuidando. Con los animales y los cuidadores como nexo, un equipo de psicólogos, terapistas ocupacionales y psiquiatras trabaja principalmente con chicos y adolescentes del Hospital Infanto Juvenil Tobar García en situaciones de vulnerabilidad social, pero también con chicos conautismo, TGD y demás enfermedades.
Uno de los jóvenes egresados del proyecto es Enrique Roselot.
Hoy tiene veintisiete, y tenía trece años y asistía a una escuela especial para chicos con trastornos emocionales severos cuando entró al programa. Catorce años después, es uno de los cuidadores más queridos del zoológico. "Siempre me gustaron los animales. El trato con ellos me permitió relacionarme más y mejor con la gente. Antes tenía algunas conductas... no digo violentas pero no era un pibe normal, tenía problemitas", confiesa Quique.
"A pesar de que te cambian de lugar para que vayas aprendiendo cada vez más, con los animales me encariño mucho, y a mime encantan los osos", concluye.
¿Dónde entra en juego el animal? "El animal es algo fundamental.
El animal despierta curiosidad, genera preguntas y proyección.
Hay una anécdota de un chico que fue doblemente abandonado por sus padres adoptivos y no podía hablar del tema en su terapia.
Y un día estábamos acá, encuentra una paloma herida y la llevamos a la veterinaria. En el camino dice: '¿Sabrán los padres que estría lastimada?'.
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