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Lenguaje Canino

El doctor Gerzovich Lis, que a los 6 años ya le decía a todo el mundo que quería ser veterinario, es uno de los máximos expertos argentinos en comportamiento animal. A los 15 años educó y adiestró a su propio pe­rro y luego hizo lo mismo, durante diez años, con más de 800 ejempla­res. Además, desde que comenzó a trabajar en su especialidad lleva aten­didos más de 2.000 casos de anima­les que sufrían trastornos de com­portamiento. Con toda su sabiduría le explicó a la señora que una de las pre­misas más importantes para la sub­sistencia de especies que tienen com­portamiento social -como el caso de los perros- es tener la posibilidad de transmitir información de un indivi­duo a otro. Sólo así se puede mante­ner la interacción del grupo en forma adecuada. En los pichichos, ese siste­ma de comunicación no sólo existe sino que es muy complejo y está ba­sado fundamentalmente en señales auditivas, visuales, olfativas y táctiles. Con esas "herramientas" pueden mantener el orden dentro de un gru­po y además identificar y marcar su te­rritorio. Eso no es todo: también pue­den conocer el estado fisiológico y emocional de otros perros así como su rango social. En otras palabras, los perros no pueden hablar como lo hacen los humanos pero no les hace fal­ta: se comunican sin problemas a través de gestos, posturas, sonidos y olo­res. Y no sólo consiguen "conversar" entre sí; usan el mismo sistema para comunicarse con los humanos, claro que algunos no se dan cuenta o direc­tamente lo niegan.

Aunque ahora los vemos como la encarnación del" mejor amigo del hombre", los perros no siempre estu­vieron presentes en los grandes acon­tecimientos de la humanidad. En rea­lidad, hace miles de años, no existían. Aparecieron luego de un largo perío­do de domesticación, un proceso que comenzó a partir de un antepasado salvaje. Durante mucho tiempo, la etología y otras disciplinas dé las cien­cias biológicas debatieron sobre cuál era ese antecesor. El etólogo austríaco Konrad  Lorenz (1903-1989) -premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1973- sostenía que la mayoría de las razas caninas descendían del chacal dorado (Caras aureus) y que sólo algu­nas lo hacían del lobo (Canislupus). En la actualidad, sinembargo. La teoría de más aceptación señala solamente al lobo como único antecesor salvaje del perro. Algunos científicos llegan más lejos y afirman que nuestro amigo no es una especie diferente del lobo sino una subespecie. Tal vez por eso en al­gunas publicaciones científicas apa­rece como Canisfamiliaris y en otras como Caras lupusfamüiaris, haciendo hincapié con esa denominación en que se trata de un lobo doméstico.


Otro punto en discusión es la canti­dad de años que tienen los perritos so­bre nuestro planeta. A través de diver­sos estudios arqueológicos se ubica­ron los primeros antecedentes del perro doméstico con una antigüedad del2milaños,al final del Pleistoceno, en la era Paleolítica. Aunque un estu­dio de la revista Science, publicado en 1997, sostiene que los estudios gené­ticos revelan que el origen podría re­montarse a más de 100 mil años, cla­ro que en esa época probablemente las diferencias entre perros y lobos eran mínimas. Cómo llegó aquel an­tecesor salvaje a convertirse en nues­tro mejor amigo es otra historia apa­sionante. Es probable que las prime­ras interacciones entre lobos y seres humanos tuvieran lugar en un mar­co de competencia por la comida. También es probable que con el tiem­po la relación entre los dos se hiciera más fluida: para el hombre, el lobo po­día ser un gran aliado a la hora de la ca­cería y procura de alimentos. Lo que se sabe fehacientemente es que la do­mesticación fue un proceso largo, fa­tigoso y que recién hacia fines de la Edad Media, en Europa, comenzaron a crearse y desarrollarse las diferentes razas de perros. En ese momento sólo había una docena. Todo fue vertigi­noso: en el siglo XVIII ya existían las competencias de "perros de exposi­ción", que fueron reglamentadas en el siglo XIX. A partir de ese momen­to, la variabilidad genética -manipu­lada por el hombre- hizo que apare­cieran más de400 variedades. Por eso algunos hoy pueden elegir un buldog o un fox terrier y otros, un pequinés. Hay perros para todos los gustos. Perros que pueden comunicarse entre sí y que tienen mucho para de­cirles a sus dueños. Sólo es cuestión de conocer sus códigos (verinfografía) y entender que su sensibilidad es parecida a la nuestra. Los retos y tirones de oreja les duelen tanto como a nosotros.

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