En el medio, lo que es más saludable para unos y otros, el perro y el gato forman parte de la familia, pero ocupan su lugar, no el de un humano. Son queridos y sus necesidades son atendidas, pero no se los humaniza. Tienen un lugar para dormir y su lugar para comer, recibir afecto, hacer ejercicio y juegan. Se genera así una buena simbiosis, la familia acudirá al animal y éste aporta a los beneficios de su presencia.
Para la gente, quizá valora de una forma incorrecta lo que significa tener un animal de compañía. Pero para los animales, los peligros son bastante mayores. En principio, aparecen trastornos que van desde los orgánicos hasta lo del comportamiento. Cuando el hombre los humaniza, los trata como quisiera que lo traten a él y eso no siempre es bueno para el animal.
No está mal que el hombre crea que su perro lo quiere, siempre y cuando respeten las necesidades del perro. Si el hombre le sirve de que el perro lo quiere, no hay ningún problema. Pero si el hombre, en función de que descuenta que el perro lo quiere, supone que no le va a gruñir, o cuando lo hace supone que esta traicionando el amor que le brinda, ahí está el error.
Aprender, se expresarán, temen.
Empecemos por la inteligencia, que es más sencillo de definir. El concepto más amplio, inteligencia significa capacidad de aprender. Obviamente, perros y gatos aprender. Pero inteligencia, de manera más amplia, significa capacidad de razonar. Nuestra mascotas no la tienen, o al menos no tenemos posibilidad de detectarla. Podría haber indicios de un esbozo rudimentario, que en esa especie es el inicio de lo que pues la evolución desarrollo del hombre. Los animales no pueden razonar y ejecutar un problema por primera vez y elaborar una respuesta abstracta tomando elementos de otra experiencia y coordinar los de una forma adecuada para resolver ese problema. Cuando se los somete a un estudio de laboratorio, los animales proceden simplemente por ensayo y error.
Tienen emociones, se ha podido demostrar. La más crítica de todo el reino animal es el miedo. Cualquier animal tiene miedo y es emoción básica le permite sobrevivir y perpetuar la especie. Hay otras emociones más complejas, que recién se están estudiando, que tiene que ver con la agresión, respecto de la defensa de la cría o del territorio, por ejemplo. Vemos que los animales ahí agresión, comportamiento agonístico, no irá o bronca, que son rasgos humanos. También se han detectado estado de ansiedad y estrés. Gatos y perros no se estresan por las mismas razones que nosotros, claro, pero si, por ejemplo, por un miedo sostenido o la repulsión a vivir muchas semanas en una jaula. Estas emociones negativas pueden derivar, incluso, en reacciones depresivas orgánicas, no psicológica.
Lo que los perros desarrollan es un vínculo afectivo social, porque también lo desarrollan entre perros. Los desarrollan con el hombre porque las circunstancias de la vida los hacen convivir con el hombre. Si hubiesen nacido de forma salvaje, dentro de una manada de perros salvajes en medio del campo, van a tener el mismo vínculo afectivo social con los otros perros con los que conviven. Los códigos de los perros desarrollan entre sí los trasladan hacia los hombres. Por ejemplo, siempre se manejan en grupos, en función de una organización jerárquica. Porque es la única forma en que el perro puede integrarse a un grupo y que ese grupo sea estable, es decir, que es el integrante no estén peleando todo el tiempo. Con los dueños pasa lo mismo. Lo que ocurre es que el dueño lo ignora, pero el perro establece una relación afectiva jerárquica con él, algunos perros dominan al dueño y otros perros se someten a él. Entonces, hay una relación afectiva, pero dentro de las estructuras simples del vínculo social de un perro en el otro miembro de la manada familiar. La familia con la que vive es una manada y él actúa y se relaciona de la misma manera como lo haría dentro de un grupo de perros sueltos en el campo.
Las reglas del juego.
El de humanizar o interpretar todo desde la óptica del hombre, que es antropomorfizar, es un problema de los científicos, no sólo de cualquier señor que tiene gato o perro. Lo grave es que a veces, a consecuencia de humanizar a los animales, no les damos lo que necesitan. Con esto se refiere de no darle agua o sombra, sino de señales claras para ubicarse. Si nosotros no le indicamos al perro, por ejemplo, y el es dominante y subordinado, a través de manejar correctamente situaciones que tienen importancia jerárquica para el terror, éste va a interpretar que el que domina es él. Y el día de mañana, cuando el dueño haga algo que el perro interprete como un desafío a esa prerrogativa, puede haber una agresión. Entonces, lo quiero mucho, lo tratan como un hijo, duerme con ellos en la cama, le dan de comer en la boca, responden a todas sus demandas. No está mal si así sería si la familia le gusta. El problema es que muchos perros van interpretar todo eso como privilegio categoría de dominante. Por el perro es así, sólo tiene la posibilidad de interpretar las señales de esa manera, no dentro de una relación de igual a igual. Si el perro se ubica en el lugar del dominante, un día lo voy a querer bajar de un señor y me va a gruñir o a morder. ¿Por qué?. Porque ningún subordinado le quita el lugar de descanso aún dominante. En el comportamiento de los perros, esto es un desafío serio. Por todo ello, se dice que si se humaniza a nuestras mascotas, la perjudicamos, porque no las estamos entendiendo realmente.
Hoy en día sabemos que, si bien los animales no pueden razonar, no sienten amor y odio, tampoco son un mecanismo y un disco rígido donde uno carga información y después a pedir la una tecla para levantar el archivo. Es algo mucho más complejo, desde el momento en que el hombre es fruto de una evolución en la que hay muchos otros animales antes. Hombres y perros no están tan lejos uno de otros. Las emociones y los estados de ansiedad y de estrés que comparten lo demuestran.
Todo lo que se sabe o hoy en día de los animales es producto de la investigación es que tienen como fin último hacernos entender mejor a nosotros mismos.
Perreros y gateros.
Perros y gatos parecen dividir a la humanidad en bandos irreconciliables. Los que aman a unos suelen rechazar a los otros y en esa preferencia parece jugarse características psicológicas de gateros y perreros.
Hay personas que se adaptan muy bien con los perros por establecer una relación entre dominantes y dominados, imprescindible para que el perro desarrolle normalmente su conducta con total naturalidad.
Pero hay mucha gente a la que le disgusta ubicarse en cualquiera de los extremos de esa opción. Para ellos, el animal ideal es el gato. Porque el gato tiene una estructura social distinta de la del perro, no hay en ellos jerarquías, sino vínculos grupales en los que puede estallar el conflicto en determinadas situaciones si no se respetan ciertos límites, sobre todo territoriales.
La estructura social de los gatos es en definitiva horizontal y de esa manera se vinculan con los humanos, sin necesidad de armar lazo que tengan que ver con el dominio o la subordinación. Su convivencia es lo más parecido a una sociedad democrática. Por eso hay gente que se viera mejor con los datos y otra que prefiere los perros, depende del estilo de cada uno.
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